domingo, 10 de febrero de 2008

Una ciudad de amores y odios

Lo que odio de Bogotá:

-Cuando hace mucho frío.
-Las grandes distancias.
-El no poderme sentar en un bus.
-Cuando llueve.
-Cuando los sitios están muy llenos y no hay donde hacerse.
-Cuando hay trancón.
-Que se me reseque la piel.
-Que el agua sea tan fría.

Lo que amo de Bogotá:

-Los árboles verdes, grandes y altos.
-Cuando hace sol con un poquito de frío.
-Los niños lindos que se montan en el bus azul.
-Los cerros.
- Los treintañeros con saco y corbata.
- Las múltiples opciones de sitios, bares, restaurantes.
-El centro.
-Los museos.
-La fruchetta: frutas con chocolate.
-El Bogotá Beer Company.
-Las niñas con leggins y falda.
-Los perros con saco y boticas.
-Como se me pone el pelo.

martes, 5 de febrero de 2008

2.600 metros más cerca de las estrellas

De la provincia a la capital. De la Sucursal del Cielo a casi el cielo. De Santiago de Cali a Santafé de Bogotá.

Pues sí...a partir de ahora mi nuevo domicilio es en Bogotá, la capital, la ciudad de los trancones, del tropipop, de los rolos, de las rolas cachetirrojas, de los señores con saco y corbata, donde no conocen aún el hielo ni el aire acondicionado.

Confieso que me maravillo con el verde de cada calle, con los edificios, los centros comerciales, la variedad de gente, de sitios, de formas de vestir, en fin. No puedo comparar la ciudad con otras capitales del mundo porque hasta ahora mis recorridos internacionales no salen de trámites, pero sí puedo decir que el aire de "ciudad" se siente en cada esquina, en cada bar, en cada restaurante que un lunes a las 11 de la noche siempre va a estar lleno de gente. En cambio esto no pasa en Cali; caminar un martes a las 11 de la noche por una supuesta "zona rosa" como el Parque del Perro termina por aburrir a cualquier universitario que tenga ganas de rumbiar, pues lo único abierto podría ser la tienda que seguro cierra a las y media cuando termine de vender el último par de cervezas. Ahora se me vienen a la cabeza conversaciones que he tenido con personas que son de Cali y viven acá. Una vez, en Cali, alguien se enojó porque fue imposible conseguir un restaurante bonito para comer un domingo por la noche, lo único abierto eran las bullosas y calurosas plazoletas de comida de los centros comerciales. En otra ocasión nos dimos cuenta de cómo en un súper mercado de Cali no se encontraba ni la mitad de lo que hay en uno de Bogotá; aquí no hay nada que uno no pueda conseguir. Trate de buscar una alcachofa o un calabacín en La 14 y verá.

Sin duda Bogotá es una ciudad muy diferente a Cali. No sólo es cinco veces más grande, sino que alberga una cantidad de gente que se mueve todo el día, que trabaja, que necesita movilizarse de un lado a otro y se defiende del frío que acosa en las madrugadas y en las noches. Moverse y transportarse en esta ciudad termina siendo una dinámica tan compleja que amerita un solo post en este blog. Mejor dicho...esta ciudad inspira para llenar este blog de muchas entradas, sólo espero tener el tiempo para sentarme y plasmar todo lo que veo cada día.

Por ahora, con las vagas impresiones de una caleña, y a pesar de todas las piedras que me saca esta ciudad, yo me la gozo, me la camino, la huelo, la siento, la toco y la conozco.